Basémonos en la ley de la Palanca de Arquímedes. Utilicemos como Palanca de Fuerza la responsabilidad social de las empresas. Superemos así la vulnerabilidad de la sociedad sacada a la luz por el Coronavirus.
Arquímedes dijo: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”.
Yo digo: “Hagámoslo”.
Debido a la crisis sanitaria provocada por un virus ( Covid 19), del que se desconoce casi todo excepto su elevado nivel de contagio entre las personas, nos vemos obligadas todas las personas , por responsabilidad, a estar confinadas en nuestras casas. Por responsabilidad individual, para no ser contagiadas, y por responsabilidad social para no provocar el posible contagio a quienes nos rodean, a las personas de nuestro entorno. Y así evitar el impacto negativo que esa acción de acercamiento físico puede provocar a toda la sociedad.
Esta, ha sido sin duda alguna, una decisión tomada por el poder ejecutivo, con criterios de Responsabilidad Social y como no podía ser de otra manera, con el apoyo mayoritario del Parlamento y de la mayoría de la sociedad en su conjunto.
La rapidez y magnitud del contagio nos ha hecho vulnerable a toda la sociedad, y ante una situación de vulnerabilidad hay que actuar con empatía por quienes son responsables de tomar las decisiones y están al tanto de la situación para tratar de que esa vulnerabilidad no sea objeto de abuso por parte de personas sin escrúpulos.
Por lo tanto, entendiendo esta vulnerabilidad como la poca o nula capacidad de prevenir, resistir y sobreponerse a un impacto, hay que tomar decisiones para proteger y evitar el riesgo de poner en peligro la integridad de toda la sociedad. Hay que hacer una gestión integral con responsabilidad social para la sostenibilidad del país.
Esto no es tarea fácil, nunca lo ha sido desde los orígenes de la vida en sociedad, y por consiguiente más difícil todavía cuando la situación aparece de forma tan rápida e inesperada.
Nos hemos dado cuenta de repente, que somos vulnerables como sociedad, incluso los países que se consideraban todopoderosos y desarrollados. Durante demasiado tiempo se ha impuesto el egoísmo, la codicia, el crecimiento, la competencia desleal, el engaño, la especulación, el acaparamiento del dinero, y se ha gestionado la economía supeditando las decisiones al logro del dinero fácil, a la obtención del aumento continuado del beneficio empresarial a cualquier coste, y contra natura, puesto que el crecimiento en ningún sentido real puede ser ilimitado. Esta gestión empresarial ha estado fundamentada en el engaño a la sociedad y todo ello nos ha llevado a pensar como individuos de forma errónea, sin capacidad, o muy poca, para prevenir, para resistir y luego sobreponernos a un hecho tan real como este virus que se ha instalado entre todos nosotros.
Por esta circunstancia, es por la que creo que hemos reaccionado, mayoritariamente, con responsabilidad social, pero tarde. Hasta que no hemos sido conscientes individualmente de que este virus era un problema real, nadie ha empezado a ser responsable ni individual ni socialmente. Por eso la gestión de esta situación en la que nos encontramos pasa por tener que ser una gestión con criterios de responsabilidad social en todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad tal y como está organizada, sea cual sea la estructura establecida. Empezando por la gestión de cada uno de los individuos o personas de sus decisiones particulares, pasando por la gestión de aquellas personas que toman las decisiones en las empresas, públicas y privadas y todas las personas que gestionan y trabajan en instituciones de cualquier otro tipo también públicas y privadas.
Se trata de una urgencia, porque quienes actúen, de forma individual o colectiva, con otros criterios, serán aquellas personas que no buscan que la sociedad pueda sobreponerse al impacto brutal vivido y prepararse para superar la vulnerabilidad en la que estábamos inmersos. Serán aquellos que con su irresponsabilidad buscan resistir engañando, para continuar con la misma vulnerabilidad que nos llevaría a volver a poner en peligro la integridad de toda la sociedad, de todo el país.
Una de las formas más fáciles y también de más rápida eficacia es la que están tratando de implementar la mayoría de las sociedades, países, del mundo, que es a través de sus estados, de sus políticos.
Según la forma y organización de cada estado, las medidas son más o menos secundadas.
Los estados totalitarios no admiten ningún tipo de resistencia a sus decisiones, sus medidas son seguidas de forma inexcusable y la comunicación de las medidas no admiten cuestionamiento. La responsabilidad es exclusiva del gobierno que dicta las órdenes, pero al no existir libertad, ni oposición parlamentaria, ni de ningún otro tipo, esa responsabilidad no es juzgada desde la obligación de responder ante sus decisiones, ya que ni siquiera se pueden poner en cuestión en unas elecciones democráticas. No existe la responsabilidad ante la sociedad.
Los estados democráticos comunican sus medidas y estas deben ser respaldadas por el parlamento, y en última instancia el gobierno asume su responsabilidad de cara a la sociedad en las urnas, cuando la ciudadanía manifiesta su confianza o no en las decisiones que han tomado durante su mandato a través del voto en unas elecciones libres y democráticas. Existe libertad y por tanto la responsabilidad pasa a ser algo de todos, de todas y cada una de las personas que forman la sociedad a quien van dirigidas las medidas y decisiones aprobadas por quienes están en el gobierno en ese momento. Toda la sociedad en su conjunto puede y debe colaborar en que esas decisiones sean responsables para que el impacto no situación
España es un estado democrático, y en consecuencia, tanto el gobierno como el parlamento han de tomar las decisiones con responsabilidad, para que los ciudadanos tengan la confianza de que sus dirigentes están tomando las medidas encaminadas a resistir y sobreponerse al impacto ocasionado por este virus y por tanto proteger y evitar el riesgo de poner en peligro la integridad de toda la sociedad.
Pero,¿Es realmente a través de las decisiones de los políticos como debe atajarse esta situación?
Desde mi punto de vista, no únicamente. Hay que dar un protagonismo importante a las empresas, pero a las empresas que gestionen con criterios de responsabilidad social y sostenibilidad integrada en todo el proceso de cada una de las decisiones que toman. Empresas dignas generadoras de confianza para la sociedad y que se puedan considerar referentes en su toma de decisiones para una salida justa, eficaz y sostenible. Cuyo signo de identidad sea la responsabilidad social como criterio de gestión, no como utilización de mejora de imagen a través de acciones concretas o a través de fundaciones.
Para este cometido cada persona en particular tiene que asumir su responsabilidad social, y por tanto, desde su posición personal en su ámbito privado y también desde su posición en su ámbito laboral o profesional, es decir su ámbito social. Todas las personas, igual que tenemos que ser individualmente responsables, también tenemos que ser socialmente responsables y ser capaces de exigir y también de valorar aquellas empresas que la practican.
Esta es la única manera de dejar de ser una sociedad vulnerable para pasar a ser una sociedad fuerte y capaz de responder ante cualquier dificultad con la confianza de saber sobreponernos sin que ninguna persona se vea perjudicada y ninguna persona sin escrúpulos se beneficie del impacto sufrido por toda la sociedad en su conjunto.
La responsabilidad individual, nos la enseñan en el ámbito familiar, educativo y en los avatares de la vida cotidiana. Cada persona responde de sus actos individuales de forma individual. Esto consiste en cumplir con las normas y si no atenerse a las consecuencias de forma individual.
Pero la responsabilidad social es algo que va más allá de las normas y leyes, se trata de tomar decisiones que tengan en cuenta el efecto o impacto que una decisión individual puede tener sobre otra u otras personas y así decidir si se trata de un impacto positivo o negativo socialmente hablando, y tenerlo en cuenta. Lo que siempre se ha conocido como buena persona, actuar evitando perjudicar a los demás.
En estos momentos en los que todavía vivimos, algunas personas y en sentido despectivo, lo llaman buenismo. Espero que seamos capaces de superar esta opinión y que la responsabilidad social se considere como lo que es, una forma de gestionar ética, responsable y rentablemente la toma de decisiones.
Por esta razón es por lo que yo siempre he pensado que este tipo de gestión en la toma de decisiones hay que aprenderla y aplicarla en las empresas (públicas y privadas), porque las empresas son justamente el motor de la sociedad. En esta crisis se ha demostrado que si las empresas paran, la sociedad para. Pero también se ha demostrado que el motor de las empresas son las personas y que si las personas no pueden trabajar, las empresas se paran y por tanto, la sociedad para. No hay sostenibilidad.
Ya hay muchas empresas que están asumiendo esa enseñanza con sus decisiones tomadas con criterios de responsabilidad social. Hay que valorar la gestión ética y socialmente responsable de aquellas que lo están haciendo. Tanto aquellas empresas que ponen por delante la situación económica de sus trabajadores para que estos no pierdan sus puestos de trabajo, como aquellas que adaptan sus instalaciones para colaborar en dar soluciones a las necesidades del momento, como a todas aquellas que ponen su solvencia económica al servicio de otros objetivos que no son económicos, y también las que ya se están preparando para adecuarlas a las nuevas circunstancias de cuando tengamos que seguir manteniendo la distancia física y las medidas higiénicas; también las que exigen la misma responsabilidad a todas aquellas empresas o instituciones que se relacionan con ellas, para que actúen con ética y para la sostenibilidad (económica, social y ambiental) .
Cuando las personas responsables de la gestión de las empresas ponen los criterios de responsabilidad social como criterio principal para la toma de decisiones, estos criterios son comunicados a todos los grupos de interés que se relacionan con ellas y por tanto han de ser adoptados estos mismos criterios por todos ellos: proveedores, accionistas, trabajadores, colaboradores, clientes y entorno local. De esta forma todos los grupos de interés con los que se relacionan las empresas son conscientes de esos criterios adoptados, son reconocibles como solidarios y que contribuyen a la sostenibilidad de la empresa y de ellos mismos, y en consecuencia proponen medidas para superar el impacto sufrido que impide que la actividad empresarial continúe y pueda ser social, económica y ambientalmente sostenible.
Es muy importante por tanto, que las estructuras del Estado escuchen a los gestores socialmente responsables para que estas empresas e instituciones que son el verdadero motor de la sociedad tengan el marco legal necesario para que se vean respaldados en su toma de decisiones éticas, responsables y social y económicamente rentables; y no se vean perjudicados por aquellos que quieren gestionar con otros criterios a los que sí ampara la ley y no siempre la ética y la responsabilidad social.
Apelo tanto a las Universidades, como a las Escuelas de Negocios, a la Formación Profesional, a las Oposiciones y al resto de ámbitos relacionados con la formación de la empresa (pública y privada), que impartan las enseñanzas necesarias para que en el perfil de las personas llamadas a tomar decisiones en la gestión de cualquier empresa, se considere prioritario la capacidad de gestionar con responsabilidad social para la sostenibilidad, como palanca necesaria para hacer fuerte a nuestra sociedad a través de las empresas.

Muy de acuerdo con tu análisis: Situaciones dramáticas como la que estamos viviendo deberían hacer reflexionar a la sociedad para introducir los mecanismos necesarios que permitan afrontar posibles situaciones futuras de crisis de la mejora forma posible.
La sociedad, es decir ciudadanos, administración, el estado, pero también todos los centros educativos (colegios, universidades y escuelas de negocios), y especialmente las empresas, es quien tiene, tienen o tenemos, que actuar para que un país democrático como el nuestro pueda ser un ejemplo en responsabilidad social.
En mi opinión es en los centros educativos, empezando en los colegios desde Primaria, y también en las familias donde se deben ir inculcando los principios de equidad, solidaridad y responsabilidad social, y también los de esfuerzo por el estudio, compromiso con tus obligaciones para que el día de mañana se trasladen al trabajo que se vaya a desempeñar. También las Escuelas de Negocios, como escalón previo en numerosas ocasiones a la entrada de jóvenes estudiantes a las empresas, deberían tratar la RS como una materia imprescindible en sus programas formativos.
Las empresas, como bien dices, son la pieza clave en el buen funcionamiento de la sociedad y de un país, puesto que son el motor de la tecnología, de la innovación, de la producción, de los servicios, y en definitiva de todas las actividades que mueven la economía.
Pero además desempeñan la mayor función social que supone dar actividad y trabajo a sus empleados que son, las personas, quienes mueven las empresas, y por eso deben cuidarlas y protegerlas por ser el mejor recurso del que pueden disponer.
Yo propongo por ejemplo que las empresas puedan aportar un porcentaje de su beneficio a un fondo especial de contingencias que cubra situaciones inesperadas; catástrofes naturales, epidemias, accidentes o situaciones particulares que puedan afectar a sus empleados.
Para ello, sería muy bueno que los gobiernos ofrecieran ventajas o beneficios fiscales a dichas empresas por la creación de esos fondos.
En España, algunas empresas grandes como Inditex, el Banco Santander y algunas más, anunciaron al inicio del confinamiento que mantendrían toda su plantilla pagándoles el sueldo íntegro mientras durase la crisis sanitaria. Son empresas que tienen una solvencia económica que les permite hacerlo, y demuestran así su responsabilidad ante sus empleados. Otras empresas también solventes no lo han hecho sino que han solicitado el ERTE (están en su derecho de hacerlo), pero demuestran menos responsabilidad social (o ninguna). Y las que no tienen solvencia, pues se ven obligadas a solicitar los ERTE y quien sabe si cerrarán en breve.
Esto hace, como decía al inicio, que la sociedad deba replantearse y reestructurar algunas de los pilares sobre los que están asentada y que demuestran que no es lo mejor la obtención de beneficio a toda costa sin tener en paralelo un horizonte donde destinar una parte que cubra posibles situaciones inesperadas. Así, todas las empresas estarían más y mejor preparadas.
Ojalá el Covid sirva para ese análisis.